Archive by Author | Cindy Heredia S

Si te perdiste el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

Se acerca el 8 de marzo y las mujeres del mundo a pesar de, las fronteras, la cultura, la política y la lengua se unen para recordarnos que día a día enfrentan una batalla en pro de la justicia, la igualdad y el desarrollo. Han pasado 44 años desde que, la Asamblea General de las Naciones Unidas institucionalizó el Día Internacional de la Mujer, y con el paso de los años esta conmemoración y la consiguiente lucha por la reivindicación de los derechos mujer han ido alcanzando reconocimiento a nivel mundial.

Sin embargo, aún queda mucho trabajo por hacer, puesto que el desempeño que la mujer ha tenido en áreas que comúnmente han sido dominadas por los hombres se encuentra aún invisibilizado. Una muestra de esto es que apenas hace dos años, la UNESCO estableció el día internacional anual para reconocer el rol que juegan las mujeres y las niñas en la ciencia y la tecnología.

A partir del 2016 cada 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia; su objetivo es crear conciencia sobre la igualdad de género a través de la participación equitativa de las mujeres y niñas en espacios de la ciencia que antes eran considerados propios de los hombres. Con motivo de la celebración de este año la Directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay envío el siguiente mensaje a la comunidad internacional:

“Estamos decididos a promover una nueva generación de mujeres y niñas científicas, para hacer frente a los grandes desafíos de nuestro tiempo. En la línea del llamamiento de Greta Thunberg, hay jóvenes científicas que ya están tomando la iniciativa en la lucha contra el cambio climático, como la adolescente sudafricana Kiara Nirghin, cuyas invenciones contribuyen a minimizar el impacto de las sequías. Si aprovechamos la creatividad e innovación científicas de todas las mujeres y niñas e invertimos adecuadamente en el carácter inclusivo de la educación en CTIM, la investigación y el desarrollo y los ecosistemas de CTI, tenemos una oportunidad sin precedentes para utilizar el potencial de la cuarta revolución industrial en beneficio de la sociedad. “

Aunque la historia no le dio el justo reconocimiento a científicas como Henrietta Leavitt o Rosalind Franklin, pioneras en el campo de la ciencia: Leavitt descubrió el método para obtener la distancia a otras galaxias en las que se observan estrellas y Franklin realizó notables contribuciones a la comprensión de la estructura del ADN; iniciativas como esta son la oportunidad para colocar en la conciencia pública las historias de empoderamiento de las mujeres de ayer y de hoy.

Historias como la de Brittany Wenger, quien a sus 17 años ganó el premio Google Science Fair y hoy en día es la creadora de Cloudcancer: una tecnología disponible en la nube que ayuda a diagnosticar el cáncer de forma temprana. Además es una de las mentoras de Made With Code, una iniciativa de Google que busca incentivar a las adolescentes a vincularse con la tecnología, un área de conocimiento que siempre ha estado dominada por los hombres.

Así que, si no pudiste celebrar este 16 de febrero el empoderamiento de la mujer en la ciencia, aún puedes encontrar a muchas otras mujeres trabajando por la igualdad y el desarrollo sostenible. Ahora tú también puedes contar sus historias.

Anuncios

Y la escuela… ¿para qué?

El paradigma tradicional de la educación coloca a la persona joven como un recipiente vacío, cuyos maestros deben llenar de conocimientos científicos, competencias laborales y valores socioculturales que encajen dentro de un entorno adultocéntrico.

No obstante, el excesivo énfasis en desarrollar conductas socialmente aceptables y habilidades consideradas en el ámbito laboral como Hard Skills, deja en segundo plano la necesidad que tienen los estudiantes de estar preparados para enfrentar los desafíos personales, sociales, éticos y de desarrollo sostenible de la vida actual; y es que los cambios que se producen a nivel mundial son la causa de una apremiante revisión de las políticas educativas y sus principales gestores.

Los y las jóvenes, como actores del escenario pedagógico, se encuentran relegados tras bastidores; no son parte de la toma de decisiones respecto a temas transcendentales como su currículo de estudio, las estrategias pedagógicas que se manejan dentro de su aula de clases, ni mucho menos tienen una voz acerca de los métodos con los que son evaluados.

Pero el discurso de la institución pretende dar otra cara, intenta vender la idea de una persona joven empoderada, una juventud que es capaz de expresarse y contar sus historias a través de proyectos artísticos, culturales, tecnológicos o de entretenimiento.

Un manipulado activismo en el que los estudiantes son encausados en el camino del sistema o el camino del bien; porque para el sistema actual la juventud es el problema a resolver, y este problema se resuelve educándolos por medio de la vigilancia y el control bajo el disfraz de un discurso de autonomía y libertad.

Se educa bajo este método mediante los libros que se les impone leer, las tareas que no encuentran sentido al realizar, las evaluaciones que les provocan temor y frustración y a través de normas de conducta que intentan rescatar a la juventud del mismo hecho de ser joven.

Frente a este escenario cabe preguntarse, entonces ¿la escuela para qué?, ¿es el momento de prescindir de ella? La escuela como un factor de protección, más allá de una institución lucrativa, es el lugar donde se pueden llevar a cabo planes y programas que no solo fortalezcan el área intelectual sino que desarrollen en los estudiantes habilidades para la vida.

Es el lugar donde el y la joven puede ser parte de un equipo de trabajo, levantar su voz para convertirse en  sujeto reflexivo y consciente de su rol en la sociedad. Es el lugar en el que la juventud puede construir su propia identidad y desarrollar su liderazgo si los actores adultos: docentes, directivos y padres de familia dan apertura a espacios de diálogo igualitario, sin imponer ideologías, ni establecer programas hechos desde los centros de poder.

El problema no es la escuela, sino la visión que en las últimas décadas esta se ha ido forjando acerca de la juventud; una escuela que se ha negado a escucharlos y los obliga a encajar en un entorno cada vez más lejano a sus ideales. Esta es una situación que requiere la atención de nuevas políticas educativas, aquellas que no requieren subsidios, ni la revisión del presupuesto anual.

Las nuevas políticas necesitan salir desde la juventud, para la juventud. Mejorar la calidad de la escuela requiere que por un momento se deje de escuchar a los expertos, a los académicos y políticos, para escuchar a los principales actores de la educación: los y las  jóvenes.